Mes: enero 2004

El sexoexperto

Es que toda su vida lo había sido, lo supo desde el momento en que vio aquella silueta femenina –la hija del embajador: Vanessa Van Wright–, en la ventana y confundido miró un lienzo que le perteneció a un pintor vagabundo. ¿Él lo había pintado? ¡No, indiscutiblemente él pintaba mejor! Y sobre todo… pintaba turbias pasiones en los cuerpos femeninos, los cuáles conocía a la perfección. Se sabía los siete puntos erógenos-karmáticos y sabía torcer la lengua como el colibrí. Se le cayeron los bigotes y dejaron un rostro varonil, pulcramente afeitado; el cabello se acortó lo suficiente para...

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El sexoexperto

¿Él lo había pintado? ¡No, indiscutiblemente él pintaba mejor! Y sobre todo… pintaba turbias pasiones en los cuerpos femeninos, los cuáles conocía a la perfección. Se sabía los siete puntos erógenos-karmáticos y sabía torcer la lengua como el colibrí. Se le cayeron los bigotes y dejaron un rostro varonil, pulcramente afeitado; el cabello se acortó lo suficiente para decir que llevaba un casquillo corto a la vieja usanza y con un poco de copete por ahí; los ojos se le hicieron de un verde intenso y las cejas, espesas; los músculos se marcaron de gotitas de sudor seductoras, en una tez que se tornó bronceada; los labios se le engrosaron y hubo otra parte de su cuerpo que crecío un poquito, digamos que unos… ejem, veinticinco...

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El dios

Ser un indigente enturbiado por un sueño y decepcionado de la maldad del hombre por su amor al dinero, le enseñó el camino de su siguiente vida. Y es que Dios, ¿quién no quiere ser Dios por un día? ¿quién no ha querido quitarle el mando al Santo Padre y mandarlo a descansar, de preferencia, a las Bahamas para que aprenda lo buenito de la vida y así nos tenga a todos viviendo, a su imagen y semejanza? Nah, nah, nah. Nada de que la vida sería menos interesante, no… seamos honestos: todos queremos vivir en un continuo paraíso y dejar de sufrir en esta vida de lágrimas. Quien diga que le gusta sufrir y llorar en sus días, con una sonrisa amplia y enorme, por favor… deje de ser masoquista y leer mails cadenas, hacen daño mortal a la psique. Así fue que Dios, el de a de veras, con todas y sus múltiples personalidades (Padre, Hijo y Espíritu Santo)… preguntó al Arcangel Gabriel—: Hijo, ¿quién viene? Siento una paz interior inmensa, siento la cúspide de la espiritualidad y el ascetismo personificados. —Otro Cienvidis antropomurfus, mi Señor —respondió Gabriel. —Hace muchos años que no viene uno, ¡me voy volando de vacaciones a las Bahamas! Y por favor Gabriel —Dios alzó su ceja celestial y se movieron los vientos (bendito Dios que escuchó estas mortales letras)—, esta vez si...

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La mariposa

Chuang-Tzu alguna vez soñó que era una mariposa. Cuando despertó, no sabía si él era la mariposa soñando ser hombre, o un hombre que soñó ser una mariposa. Alas y viento, sus antenas debían decirle por dónde. Poco recordaba de aquella vida como monje budista, convertido al taoísmo. Sólo sabía ser mariposa y nunca quiso ser nada más. Era una mariposa blanca en medio de flores, en medio de lluvia y viento. Común y corriente, volando entre las sonrisas de los niños y huyendo de aquellos que había escuchado les atrapaban y les coleccionaban. Aún a especímenes tan comunes como ellos. ¿Por qué el hombre quiere atrapar la belleza y clavarle las alas en un papel? ¿Por qué se dedica a arrancarle las patas y las antenas, aún siendo niños? Esos no son cuestionamientos para las mariposas. Siguió planeando, durante días y siguió buscando flores, debía alimentarse. Embellecía jardines sin proponérselo y escapaba de los depredadores, las ratas con alas que llamaban palomas. Ser mariposa era un trabajo de veinticuatro horas, y había gastado mucho tiempo en el capullo, cuando era feo: tan sólo un gusano. (¿Pero es qué alguna vez había sido gusano? Así se preguntó la mariposa, y no recibió respuesta de sus pocas neuronas. Tan sólo la palabra hombre, que le venía a la mente). Conoció a otra mariposa, una hembra, y voló con ella alrededor....

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El monje budista

Como actor principal de una película de madrazos nunca encontró la paz interior, así que se dedicó a la perfección de su espíritu y alzó sus manos candorosas para rogar por la estabilidad del alma. Llegar al estado de perfección, a la imagen y semejanza de Buda, el humano perfecto. Dispuso su cuerpo a una caminata larga, dónde llegaría de nuevo a México y conocería los contrastes de la vida. Repitió en voz baja, durante todo el viaje—: No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Y así, la sabiduría envolvió su mente y sobrevivía con mucha agua (el fluido vital) y poca comida (tentación de la carne). Es que era el asceta perfecto. Siempre quiso ser un monje budista, jamás un consumidor de entretenimiento o un ángel caído a las profundidades del averno. Su mente se abrió al conocimiento y encontró el balance perfecto. A él, vinieron los mantras y encontró en su río metafísico del pensamiento, los sutras que habrían de acompañarle. Durante el viaje a México, se sintió elevado y poco a poco, alcanzaba el estado de iluminación que siempre deseo—: exclamó al verse frente a las cuatro nobles Verdades; lloró cuando encontró los tres kayas y los cuerpos de Buda; entonó la canción de la Visión Profunda; Yidam y el Mangala Sutra, eran el pan de cada día. Dormía y...

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El actor principal de una película de madrazos

Estar en los zapatos de Simón Dor, le hizo descubrir una nueva vida. Así que caminando, como parte de su entrenamiento de peleador, llegó a Hollywood. Tardó un poco en llegar, pero tenía el tiempo del mundo… tenía toda una vida. En el camino, su físico se compuso de nueva cuenta: se hizo más alto, perdió la barba y el cabello le decreció, hasta casi estar rapado. Se almendraron un poco los ojos y cambió el color de su piel. El rostro se le hizo más duro. A unos pasos, le seguía una sombra. Una sombra que deseaba saber si era aquel que cambiaba de vida en vida y finalmente cobrar su venganza. Llegó casi al amanecer y pudo apreciar las letras gigantescas, en aquel montecito, que decían H O L L Y W O O D. Wow, se dijo, ¡estaba a punto de convertirse en la estrella de una película de madrazos! Se inscribió a cuanto dojo hubiera por ahí y se consiguió un agente, una pelirroja llamada Molly, quien le cambió la vestimenta. Como no estaban bien seguros qué tipo de madrazos daba; si de karate, judo, kenpo, tae kwan do, kick boxing, a la mexicana o uñas y mordidas; le consiguió unos pantalones negros, zapatos de vestir, una playera negra pegadita y unos anteojos oscuros. Se veía bien cool en los castings. En los dojos demostraba...

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El padrote

Utilizó sus artes de ninja para conseguir su nuevo vestuario. Un traje Armani, unos zapatos Gucci, un Rolex y cuanta joyería pesada se pudo conseguir. Se despidió de su espada con tristeza, pero al mirarse el espejo, comprendió que su nueva vida era la indicada. Lleno de collares, de amuletos, de pulseras y cadenitas de oro. Se puso unos anteojos oscuros, sacó un bastón de caoba y se miró al espejo: Era el Padrote, no cualquier padrote… no… SANTO PADROTE. Inmediatamente se fue al dentista y pidió que le pusieran un diente de oro. Ahora si estaba completísimo, paseándose...

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La hija del orador

El orador enfrentó la siguiente pregunta de un adolescente de lentes, flacucho. Le miró atento y se dijo para si: Este es el listillo, que nunca lo tiene pero quiere estar bien informado. Se anotó un diez por su juicio y al terminar la pregunta, respondió automáticamente: El coitus interruptus es sacar el pene de la vagina con anterioridad a la eyaculación. En la teoría, este método es probablemente tan efectivo como algunos de los métodos más convencionales. Sin embargo, en la práctica, frecuentemente se escapa algo de semen. Esto puede ser suficiente para iniciar un embarazo. Por ello, éste no es...

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El padrote

Inmediatamente se fue al dentista y pidió que le pusieran un diente de oro. Ahora si estaba completísimo, paseándose al ritmo de “Somewhere over the rainbow – What a wonderful world”, le sonrió a las nenas de Plaza Comercial Santa Fé y cómo no, todas se le acercaron como una jauría...

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El ninja

Haber sido torero le enseñó la vocación de su vida, todo gracias a la espada con la que mató al toro. Esta vez, iba a ser ninja. Lamentablemente, el que le vendió el primer disfraz ya no estaba en ningún lugar donde pudiera ser encontrado y suspiró triste. Estuvo a punto de abandonar su nueva vida hasta que vio la capa del torero y una sonrisa se le dibujó en el rostro. Se escondió en un callejón, con unas tijeras y un poco de hilo. Al nacer el sol, cubierto enteramente de pies a cabeza, con un traje rudimentario, salió a recibir la nueva vida que le preparaba. No era cualquier ninja, era EL NINJA. Practicó las artes requeridas, aquellas que le decían que debía andar en silencio y con la punta de las uñas. Amaestró a su espada para cortar el tronco de un poste de luz, de un sólo tajo y aprendió a esconderse en las sombras de mediodía. Para cuando llegó la policía a la escena del crimen no había nadie y pensaban que el poste había caído por un acto divino. Así, escondiéndose en el contraste de sol y sombra, fue que consiguió un paquete de cuchillos gin-zu para practicar su puntería. Ya después iría a Tepito, para conseguir sus estrellas y sus nunchakus. Fue durante su entrenamiento que cayó la noche y se preparó...

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